martes, 17 de diciembre de 2013

Bacterias que pueden revertir el comportamiento autista, la Bacteroides fragilis

El hallazgo refuerza la teoría de que ciertos casos de autismo son causados por toxinas causadas por ciertas bacterias intestinales. Máxime teniendo en cuenta que en algunos casos una dieta pobre en gluten y caseína ayudan a mejorar algunos casos.
Ciertas dosis de un microbio del intestino humano ayudaron a revertir los problemas de comportamiento autista en ratones. El tratamiento también redujo los problemas gastrointestinales similares a los que a menudo acompañan al autismo en los seres humanos.
El descubrimiento se basa en el trabajo realizado por el neurobiólogo del Instituto Tecnológico de California (Caltech) Paul Patterson en 2012, en el cual él y su equipo crearon ratones con un cuadro clínico autista inyectando en hembras de rata embarazadas una sustancia química que imita una infección viral en ratas preñadas. La descendencia de estas ratas era menos sociable y tenían un comportamiento más ansioso que las de las ratas normales.
Los ratones autistas también tenían “intestinos filtrantes”, en el que las paredes del intestino se descomponen y permiten que se filtren sustancias a través de él. Varios estudios han encontrado que los humanos con autismo también son más propensos a tener trastornos gastrointestinales, lo que sugiere que los dos problemas están relacionados.
Un descubrimiento clave fue que los ratones con autismo tenían carencia de bacteria Bacteroides fragilis, que normalmente está presente en el intestino del ratón. Cuando los investigadores alimentaron con B. fragilis a estos ratones, los animales empezaron a comportarse de manera más normal y los síntomas gastrointestinales mejoraron. Posteriormente, los investigadores trataron de determinar cómo las bacterias ‘hablaban’ con el  cerebro mediante el examen de la sangre de los ratones de tipo salvaje y autista con químicos que indican cómo están funcionando las células en el cuerpo. Encontraron que la sangre de los ratones con síntomas de autismo tenía niveles de una sustancia química llamada 4 - ethilfenilsulfato (4EPS) 46 veces mayor que la del grupo de control. Esta sustancia es estructuralmente similar a un químico llamado paracresol, que se eleva en las personas con autismo.
La clave de que estas bacterias regulen el autismo es que al hacer competencia a las bacterias causantes del autismo, estas provocaban una menor liberación de la toxina 4EPS, por lo que los síntomas del autismo se revirtieron notoriamente.
Este estudio sirve para hacer un tipo de terapia en el cual se pueda revertir los síntomas del autismo.