miércoles, 12 de marzo de 2014

Descubierta una bacteria que utiliza como alimento la electricidad

Un grupo de científicos de Harvard ha logrado identificar la que sin duda es la dieta más extraña que puede seguir un ser vivo. De hecho, se han topado con una bacteria que es capaz de alimentarse exclusivamente de electricidad.
Rhodopseudomonas palustris, es capaz de usar la conductividad natural del terreno que la rodea para extraer a distancia electrones de los minerales del subsuelo, y todo sin moverse de la superficie, donde absorbía la luz solar necesaria para producir energía. El trabajo se acaba de publicar en Nature Communications.
En el medio natural, los microbios se sirven del hierro para obtener los electrones que necesitan para producir energía, pero los test de laboratorio sugieren que el hierro no es indidpensable en este proceso. Aplicando un electrodo a las colonias bacterianas del laboratorio, los investigadores observaron que las bacterias son perfectamente capaces de obtener electrones de fuentes diferentes al hierro, lo que sugiere que también en la naturaleza pueden utilizar otros minerales y metales ricos en electrones, así como los compuestos de azufre.
Los investigadores fueron incluso capaces de identificar un gen que resulta crítico para la habilidad de absorber electrones. Al apagar ese gen, Girguis y sus colegas comprobaron que esa habilidad de las bacterias se reducía por lo menos en un tercio.
Rhodopseudomonas palustris utiliza la luz solar para generar energía, pero el hierro que necesitan lo encuentra en sedimentos que están muy por debajo de la superficie y aparentemente fuera de su alcance. Para conseguirlo sin tener que abandonar la superficie, explica Girguis, estas bacterias han desarrollado una estrategia única. De hecho, obtienen sus deseados electrones a través de la conductividad natural de los distintos minerales que las rodean. Además, a medida que estas bacterias extraen los electrones del hierro, van creando cristales de óxido de hierro, que se forman en el terreno de alrededor. Con el paso del tiempo, esos cristales se vuelven conductores y actúan como circuitos que permiten a las bacterias seguir obteniendo electrones de minerales que de otra forma nunca habrían podido alcanzar.